lunes, 16 de noviembre de 2009

El platillazo


El coche de Isabel tenía un defecto. Cada vez que frenaba, el volumen de la radio o la música bajaba.
Al comprarlo no le importó, porque el precio disminuyó notablemente gracias al error de fabricación.

A Isabel le encantaba la música, no había nada en el mundo que le hiciese más feliz que escuchar una buena obra en un equipo de calidad, apreciando bien cada nota, cada instrumento.

Aquel día se dirigía al trabajo en su coche casi nuevo.
No había tráfico, y, además, su obra favorita sonaba a todo trapo en el equipo del coche. Aquella obra le encantaba únicamente por el enérgico platillazo final. Era bastante larga, pero siempre la escuchaba entera con impaciencia, a la espera de su amado platillazo. Imaginaba la orquesta entera tocando con toda la energía que tenía, a la espera de aquella explosión que indicaba que habían acabado. Entonces todos paraban de repente. Daba igual lo fuerte que tocasen, cuando el percusionista hacía sonar el instrumento obedecían sus órdenes sin rechistar, todos a la vez, perfectamente coordinados.
Isabel aceleraba cada vez más de forma inconsciente, a la vez que el final de la obra se acercaba, para subir el volumen de la música. Un poco más cada compás, contribuyendo al crescendo como si perteneciese a aquella orquesta.
Ahora.
La última nota estaba sonando. La tensión aumentaba, esperando el platillazo.
Un coche se acercaba a toda velocidad, aunque Isabel lo vio con tiempo de sobra para pegar un frenazo y evitar la colisión
Pero el coche de Isabel tenía un defecto.
Sabía que no sobreviviría al impacto, pero prefirió que el estupendísimo platillazo marcase su final, como el de la obra.
Aceleró todo lo que el coche le dejaba.
Fue el mejor platillazo que escuchó en su vida.

4 comentarios:

El lobo Julito dijo...

Y es que, deslumbrados por las estupendas características y encantados por la "novedad de lo nuevo", no damos importancia a los pequeños defectos, son tan insignificantes; pero, amiga mía, los defectos, por pequeños que sean, hay que arreglarlos cuanto antes si no, siempre llega el día en el que es demasiado tarde, han arraigado, se han hecho un hueco en nuestra vida y forman parte indisoluble de ella y ya no nos queda más remedio que convivir o, como en este caso, "conmorir" con ellos.

Anónimo dijo...

Piensa que los cementerios están llenos de muertes silenciosas. Tu ocurrencia trasciende lo lúdico para comenzar en lo puro filosófico. sigue escribiendo sin traba ni consejo; eres estupenda y como sigas así puedes dejar algo positivo a la humanidad.

Ricardo dijo...

Platillazo. Simplemente un momento de frenesí.

Lavernne & Persephone dijo...

¿Es mi impresión, o te comentan con frases ratitas?
P.D: Jeje, ¡un puntazo estratosferico tu platillazo!